sábado, 25 de junio de 2011

TEMPLO DE LA VOLUNTAD DE DIOS EN DARJEELING, INDIA

RUMBO AL RETIRO 

Al salir de la ciudad de Darjeeling, el camino serpentea lentamente hacia arriba, a la ladera de las montañas eternas que se proyectan cual olas ininterrumpidas de un mar sin fin hacia el lejano horizonte. Saliendo de la carretera principal, entramos a un agradable camino bordeado de árboles, reminiscente de la amplia campiña inglesa, y llegamos de repente al exquisito palacio blanco, que es el hogar de El Morya en India. Está construido a la usanza oriental del Taj-Mahal, y en cada extemo hay redondeados minaretes que se elevan un piso completo por encima del edificio principal. A través de las paredes de vidrio de uno de estos minaretes, tenemos el privilegio de ver los instrumentos que denotan el agudo interés del Maestro en astronomía, el gran telescopio u otra maquinaria dedicada al estudio de las estrellas y planetas del sistema.

Los otros minaretes parecen ser un exquisito santuario, en el cual los adornos están hecho de azul real y de un blanco puro y sin relieve. Al pararnos al pie de la larga columna de escalones de mármol que llevan a las masivas puertas doradas, en cada una de las cuales está una cresta de un gran MR contenidas dentro de un cáliz, manos invisibles recogen las cortinas de terciopelo blanco alrededor de los cuartos de la torre, los cuales parecen mezclarse con la piedra blanca del edificio propiamente dicho.

Nuestro guía tira de la larga cadena que cuelga al lado de las grandes puertas, y suena una melodiosa campana que rebervera a través del silencio de la campiña. Las puertas se abren silenciosamente, dejando ver el esplendor del magnífico salón de recepción.

La doble escalera bellamente esculpida arquea sobre el más exquisito tapiz (a tamaño real) del Rey Arturo sentado con sus caballeros en la Mesa Redonda. En dicho tapiz se han entretejido los más gloriosos colores como sólo los tejedores de Cahemira son capaces de hacer. Mirando hacia arriba, un gran prisma en el cieloraso abovedado ha capturado los rayos naturales del sol, y los vierte en un verdadero arco iris de color al salón abajo. La puerta a la derecha está cerrada, y una vez más notamos la cresta del Maestro emblasonada en su diseño elaborado. Una placa dorada señala, en sánscrito, que se trata del Salón de Reuniones de la Hermandad.

Elevando nuestros ojos al balcón conformado por las escaleras que se unen, podemos ver los retratos a tamaño completo de muchos de nuestros Maestros amigos —y esta galería se proyecta más allá de nuestra línea de visión en ambas direcciones, indudablemente llevando a las habitaciones de huéspedes y a las recámaras del palacio.

En el centro exacto del salón de entrada hay una bella reproducción del Taj Mahal, con sus más altos minaretes de 1.5 mts de alto, completo en cada detalle, y la piscina de lirios que tiene enfrente está llena con agua burbujeante y efervescente y perfumados pétalos de loto de todo tamaño y color.

La puerta a la mano izquierda del salón está abierta, a través de la cual podemos ver un exquisito salón de reuniones, con el fuego ardiendo en el hogar, y un gran jarrón de rosas sobre el piano de palo de rosa tallado, la música todavía abierta sobre el atril, como si alguien hubiera estado tocando hasta hace muy poco. Frente al fuego hay un delicado Servicio de té y, aunque toda la atmósfera es la personificación de esplendor y elegancia, hay una atmósfera de domesticidad y calor que penetra profundamente en el corazón. 


ANTE EL JERARCA 

De repente, emanado en la puerta abierta, se deja ver la bella figura de nuestro anfitrión que sonríe amablemente, con su suave cabello marrón cayendo en hondas sobre los hombros. Lleva puesto los pantalones puntiagudos blanco nieve y los zapatos orientales de suela suave, con una sobre túnica que le llega hasta las rodillas. Alrededor de la cintura lleva puesta la faja azul real, atada al lado derecho, tejida con el mismo diseño especial que notamos en la puerta (la MR con el grial).

Avanzando con sus brazos abiertos para darnos la bienvenida, entramos al cálido abrazo de Su amorosa presencia, y somos felizmente conducidos al salón que observamos desde el pasillo. Notamos los bellos óleos sobre las paredes, una bella casa solariega inglesa colgando sobre el hogar, y gobelinos que contienen frases de las canciones que nuestro Maestro escribió no hace mucho, se agrupan en las paredes. "El corazón que realmente amó nunca olvida. "

Un escritorio tallado a mano se encuentra al extremo opuesto del salón, enmarcado por una ventana panorámica que lleva a los jardines formales, en el cual los suaves colores de las flores inglesas de jardín se mezclan con las más osadas texturas de las flores orientales. Sobre el escritorio hay un retrato de su hermano, Kuthumi.

Nuestro anfitrión nos lleva al lado del hogar, y un silencioso hermano nos sirve refrescos mientras que nuestro anfitirón teje para nosotros la alfombra mágica sobre la cual nos elevamos mental y espiritualmente al mundo de Sus narraciones, y somos cautivados completamente en Su conciencia y sentimientos, Al tiempo que aparentemente entretiene nuestra conciencia externa, encontramos que se descorre la sustancia en nuestro cerebro, la cual ha empañado la visión de nuestro Plan Divino y del plan mundial, y podemos ver claramente el patrón de nuestras propias vidas desenvolviéndose ante nosotros, así como también vemos el claro designio del Plan Divino para nuestra Tierra y toda la vida que allí evoluciona. Las nubes de incertidumbre y confusión se disipan, y conocemos nuestro propósito y razón de ser, así como también nuestro sitio en el Plan Eterno de las cosas. Gracias, oh Amado Morya, Maestro de Amor, por habernos revelado tan amorosa y gentilmente la Voluntad de Dios. ¡Que podamos encarnar ahora Tu fortaleza y avanzar para realizarla feliz y gozosamente, y en la plenitud del Logro Divino, a través de la Luz que es la esencia de la palpitación de nuestro corazón!

Texto de:Diario de "El Puente a la Libertad"
El Morya 

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